Posteado por: dguzmanb | 29/10/2011

Las nociones de Modernidad y civilización (siglo XV al XVIIII)

Elaborado por:

Lic. Luis diego Guzmán Badilla

Las nociones de Modernidad y civilización (siglo XV al XVIIII)

Primero es importante establecer que la noción de modernidad implicó una ruptura y paso de la época medieval al renacimiento entre los siglos XV y XVI.  Lo anterior significó el cambio de una visión de mundo judeo-cristiana a otra racionalista y científica.

La época de los reyes se puede caracterizar brevemente bajo una concepción de mundo filosófica- teológica, medieval-aristotélica, centrada en lo divino (la fe) y la razón (basada en la autoridad racional filosófica), para explicar la realidad. Esta visión medieval está centralizada en la figura del  rey como representante de Dios en la tierra y por ende el que junto con la Iglesia Católica concentra todo el poder terrenal en la toma de decisiones.

Con el Renacimiento, se rompe con la visión de dogmatica y de autoridad, lo que implicó  el despegue de las ciencias naturales como la física, la química, la biología entre otras, así como su ampliación epistemológico y metodológico al campo de las ciencias sociales para el estudio de los fenómenos sociales donde se dieron aportes desde la  sociología (física social), antropología, economía, etc., por lo que la concepción de mundo se centra ahora en las necesidades del hombre, siendo ahora éste el centro del universo.

Con el desarrollo científico, técnico y social la relación (hombre-naturaleza) ya no es vista de forma armónica y de respeto, sino, como algo que debe ser dominado, descompuesto hasta sus entrañas para poder conocerla, transformarla y poseerla. Lo anterior determina el paso del antiguo régimen Feudal (estamentario), a un orden nuevo, que tendrá como ejes la racionalidad, la ciencia y el predominio del Sujeto Autónomo.

Con la ciencia al frente en el quehacer de la historia humana se introducen transformaciones en lo filosófico, científico, político, comercial y cultural; estimuladas por la invención y la innovación en las comunicaciones, medios de transporte, el control del tiempo, la invención de la máquina, entre otras cosas, caracterizaron el desarrollo durante el período del Renacimiento.

 

Desde el anterior cuadro fáctico, el paradigma moderno tendría sus orígenes en la civilización europea (la visión de Occidente) y se expandirá, por la vía de la conquista a los desconocidos territorios, imponiendo la cultura, en busca de recursos que permitieran expandir el mercado, hacia América, Asia y África.

Bajo estas perspectivas, se puede caracterizar esta etapa del renacimiento como:

  • La crítica “científica” sistémica al viejo orden
  • El dominio de las ciencias naturales a las ciencias sociales
  • Se introduce una separación total entre ser humano y naturaleza (objeto de dominio y estudio), así como se diluye el poder que hasta el siglo XV había ejercido la Iglesia.
  • Se establece modelos, leyes y casos de aplicación universal

 

En este sentido, el proyecto de la modernidad se construye de forma ambiciosa y revolucionaria con respecto del orden precedente, donde igualmente se detectan nuevas tensiones y contradicciones internas en su desarrollo.

Unos de los principales rasgos de la modernidad, se identifica por el predominio de la razón y la ampliación del dominio en el “universo humano”. También, por la transformación radical de los modos de existencia “tradicionales”, “atrasados” de tipo feudal como se mencionó en líneas anteriores, a partir de las oportunidades que ofrecería la ciencia y la tecnología (el maquinismo y la revolución industrial), como dos elementos centrales que revolucionaron los avances en la organización urbana, y el uso de las máquinas en las fábricas durante la primera revolución industrial.

En consecuencia, tres grandes aspiraciones caracterizan el pensamiento occidental moderno:

 

  1. La dominación de la naturaleza y su uso para el beneficio común de la humanidad.
  2. La paz perpetua (la construcción de un orden jurídico “global”) basada en el comercio, en la racionalización científica de los procesos de toma de decisiones y de las instituciones.
  3. La justicia social y la libertad, basadas en la generación de riqueza.

 

En este orden de ideas, se puede encontrar dos importantes pilares en la construcción del paradigma moderno: la regulación y la emancipación.

 

La regulación: (la sociedad regulada)

La cual se construye a partir del pensamiento de Maquiabelo con su propuesta del gobierno republicano “donde los ciudadanos puedan desarrollar la virtud cívica” (Maquiavelo citado por Singer, 2003) -conceptos que posteriormente se asumirán para la construcción de los nuevos estados nacionales en América- y Hobbes, ambos consideran la construcción del Estado, que permitiera garantizar la libertad y el orden social, esto solo podría lograrse mediante la autonomía y derechos del individuo al escindirse de su estado de naturaleza, los cuales deberían ser garantizados por medio de un orden jerárquico-legítimo y solo puede lograrse mediante el contractualismo (la voluntad general), es decir un contrato entre la ciudadanía y el Estado.

En este sentido Hobbes citado por Pousadela (2003) señala:

(…) el “contrato social” se define por una cláusula única, la cual establece que las relaciones entre individuos serán exclusivamente contractuales, excluyendo cualquier forma de ejercicio arbitrario de una voluntad sobre otra. Continua diciendo…Sin Estado no serían posible las relaciones contractuales interindividuales y asociativas: ni la sociedad ni el mercado (p. 14).

Con Jhon Locke conocido como padre del liberalismo hará su aporte a la construcción de esta modernidad enfatizando en la “razón humanista y la razón económica”, a diferencia de Hobbes, su visión se centrará en la concepción de la propiedad privada y el dinero, los cuales han sido conceptos centrales para el desarrollo del mercado capitalista actual.

El Estado que ya no debe inmiscuirse demasiado en la sociedad civil, o sea, en lo económico. Debe proteger la propiedad, o sea el mercado, y dejarlo que se desarrolle de acuerdo con sus propias leyes, pues es el encargado de distribuir los bienes y lo hace como con “una mano invi­sible”. Es la propuesta de Locke y de Adam Smith (Dri: 2003, 2-3).

Con Rousseau y su principio de comunidad, plantea la búsqueda de la esencia del hombre, quien en su estado natural, debería aspirar a su libertad, misma que se veía degrada por una época bajo presupuestos éticos y materiales que enajenaban al individuo de su propio estado de naturaleza y por ende de su libertad natural. Concebía la democracia como un gobierno directo del pueblo. El sistema que defendía se basaba en que todos los ciudadanos, libres e iguales, pudieran concurrir a manifestar su voluntad para llegar a un acuerdo común, “un contrato social”.

La crítica del ginebrino, se centraría en la sociedad burguesa y una minoría aristocrática capitalista de la época, quienes se beneficiaban bajo los principios de la propiedad de la tierra, junto con las crisis inflacionarias que vivió la Francia del Siglo XVII, lo que provocó  la desigualdad social y la acentuada crisis campesina.

A lo  cual Singer (2003) hace referencia, indicando:

(…) con la ruptu­ra de las antiguas redes de solidaridad social entre los campesinos y su reempla­zo por un creciente aislamiento individual, y finalmente el fenómeno creciente de la expulsión del campo y la búsqueda de mayores oportunidades en las ciudades, fueron todos factores determinantes en la transformación capitalista de las vastas áreas rurales que todavía seguían existiendo bajo una forma de producción, en muchos casos, típicamente feudal (p. 3).

La emancipación:

El desenvolvimiento industrial del Siglo XVIII, no alcanzó un desarrollo armonioso y recíproco en la sociedad europea, por lo que surgen otros pensadores quienes dirigen sus críticas al modelo económico del momento.

Hegel y Marx cuestionan el sistema capitalista imperante que solo beneficiaba a una sociedad clasista e implicó las crecientes desigualdades sociales frente a los beneficios que adquiriría la burguesía.

En este sentido Hegel propone el Estado ético: “…aquel Estado como plena realización de los seres huma­nos mediante una dialéctica que incorpora por vía de superación todos los logros de la historia, desde el derecho, pasando por la moral individual, para culminar en la eticidad, matriz de los valores más altos de la humanidad, ex­presados en el arte, la religión y la filosofía” (Dri: 2003, 2), lo que se consideraría la utopía hegeliana.

Por parte Marx, comienza su proyecto teó­rico precisamente con una crítica al Estado, la política y el derecho, estableciendo que mientras exista un Estado dictatorial, el hombre no tiene su libertad, ésta es más que superficial “…para la filosofía política marxista el Estado, cualquie­ra que sea su forma o su régimen de gobierno, nunca deja de ser un mal, necesa­rio e inevitable en la sociedad de clases, pero mal al fin.” (Borón: 2003, 32).

Las ideas de la ilustración,  junto a  las críticas de los anteriores pensadores, se sobrevienen diferentes acontecimientos que marcan importantes cambios y transformaciones desde el punto de vista ideológico, que inspiró diferentes movimientos sociales, entre ellos la Revolución Francesa (1789), la independencia de los Estados Unidos (1776), entre otros, lo que significó el paso del despotismo ilustrado a los nuevos estados nacionales.

La Noción de Civilización y la idea de desarrollo

Las implicaciones del “descubrimiento” hacia el nuevo mundo, articularon el encuentro con el Otro desde el punto de vista (humano, cultural, geográfico), el cual se expresa y representa con la construcción del  caníbal (el que puede devorarnos).

Ello implica que el Occidente europeo se posiciona y se construye a sí mismo como  centro geopolítico y lugar de enunciación privilegiado, como lo describen: las cartas y crónicas de Indias, la reflexión teológica, filosófica  y jurídica, las bulas papales y evangelización (Dios “está” en/con Occidente) y las representaciones cartográficas de los navegantes.

Es decir, al proyectar su cultura sobre el “vacío” descubierto, Occidente establece un dominio material y epistemológico sobre los nuevos territorios y pueblos, de ahí que se defina al Otro a partir de:

  • Su distancia geográfica (próximo/lejano).
  • Las diferencias lingüísticas (balbuceo = barbarie)
  • Las diferencias culturales con respecto de Occidente (escritura, el derecho, las formas de producción).
  • La “ausencia” de civilización.
  • La feminización del territorio y de los sujetos colonizados: deben ser conquistados, penetrados, poseídos, vestidos con la civilización.

 

América se convierte en un espacio de dominio, ilimitado, en un objeto de deseo del capitalismo naciente en el siglo XV. Lo anterior origina desde lo eurocentrico dos tipos de representación:

El caníbal: Aquí se refuerza las premisas de la modernidad, por un lado se comprueba la “superioridad” de Occidente sobre el otro, el indígena en tanto bárbaro, debe ser  desarrollado, modernizado o extinguido, lo anterior se caracterizaría a partir de:

  • La presencia casuística permite a conquistadores y juristas de la Corte justificar la Conquista (y el exterminio de los bárbaros).
  • Al cumplir una  función ideológica: la cual justifica la explotación del trabajo, la mano de obra y las riquezas americanas.
  • Posibilitar la ocupación, la expansión y la presencia colonial, ante la amenaza del enemigo de la civilización, de la religión, del mercado, de la Corona (en suma, del poder moderno).

 

El buen salvaje: es la representación idílica de la misión civilizadora y se caracteriza como el que:

  • Vive en medio de la abundancia material (infinita), pero también de vacíos culturales que deben ser llenados (falta de propiedad, de Estado, de dinero, de leyes, de ciencia).
  • Intelectualmente, es un niño que debe ser educado, protegido y tutelado por el hombre occidental moderno.
  • Satisface la nostalgia del paraíso perdido, profundamente arraigada en la cultura occidental (europea).

Esta visión eurocéntrica, que produce al caníbal amenazante y al “buen salvaje” dócil y familiar, es funcional al proyecto colonialista moderno.

Pero este proceso, se fundamenta en la colonialidad y razón imperial jurídica, lo que implica entre otras cosas, a) la colonialidad-moderna donde necesita al caníbal, el Otro amenazante, para construir su razón jurídica: “el imperio viene a imponer la paz y a proteger al inocente”, b) La Corona española crea un dispositivo legal (Leyes de Burgos y el Requerimiento) para definir quiénes eran caníbales (y someterlos) y quiénes no.

Esto se vuelve contradictorio cuando el Otro se da cuenta en sí mismo y considera que: c) El canibalismo imputado a los indígenas se invierte: la empresa colonial-moderna se transforma en una cuestión de consumo de las fuerzas de trabajo humano (bajo la forma de producción de la encomienda) y expansión de la frontera imperial y d) La fórmula del canibalismo designa más una resistencia a ser incorporado al sistema de producción, que una práctica antropofágica real. Es decir, se trataba de una coartada jurídica del pensamiento occidental moderno. ¿Quiénes era entonces los Bárbaros?

Dada la crueldad y forma deshumanizada del proceso colonial, se platea otra variante de la colonialidad-moderna fundamente en la producción de una razón imperial justificativa. Lo anterior lleva al debate entre Bartolomé de Las Casas y Ginés de Sepúlveda, y los aportes de Francisco de Vitoria, en torno a la humanidad del indio y la trascendencia de su alma, lo que acabó forjando un nuevo derecho colonial en los siguientes términos:

  • A partir del derecho del inocente o paradigma tutelar del imperio
  • Al definir el derecho de intervención colonial en cualquier Estado, para proteger a los inocentes y resguardar sus derechos naturales.
  • Incluso, el discurso humanista de Las Casas, crítico de la Conquista, confiere  un poder tutelar a la Iglesia, lo que amplía el otro dominador más sobre el dominado.
  • Lo que no deja de constituir una paradoja moderna: pues estos criterios jurídicos se fundan en los derechos humanos, pero también la razón imperial para continuar con la imposición de una religión e imposición de una cultura.

 

La imagen del caníbal hace de América un lugar de deseo (cultural-económico) y un lugar de dominación (político-jurídico).

Esta imagen de barbarie también será expresada en la cartografía, es decir la necesidad de cartografiar geográfica, política y culturalmente a los Otros, o bien, a los objetos/mercancías de deseo, fue una característica propia de las potencias  imperiales  y de la modernidad colonial, que aún pervive en nuestros días, pues para nadie es un secreto que Estados Unidos ha venido posicionándose estratégicamente sobre los yacimientos de petróleo y recursos naturales más importantes alrededor del mundo como lo demuestra en su página el Observatorio Latinoamericano de Geopolítica http://www.geopolitica.ws/home.php (ver mapa), es decir el proceso cartográfico se repite en el contexto actual, en busca de las riquezas más importantes que permita al país del norte posicionarse sobre los recursos que entran en escases en el siglo XXI.

Bibliografía

Borón, Atilio. “Filosofía política y crítica de la sociedad burguesa: el legado teórico de Karl Marx”, en Borón, Atilio (Comp.)(2003). La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx. Buenos Aires: CLACSO. Pp. 289-328.

Dri, Rubén. “La filosofía del Estado ético. La concepción hegeliana del Estado”, en Borón, Atilio (Comp.)(2003). La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx. Buenos Aires: CLACSO. Pp. 213-245.

Jáuregui, Carlos (2008). Canibalia. Canibalismo, calibanismo, antropofagia cultural y consumo en América Latina. Madrid: Iberoamericana-Vervuert. Pp. 43-131.

Kersffel, Daniel. “Rosseau y la búsqueda mítica de la esencialidad”, en Borón, Atilio (Comp.)(2003). La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx. Buenos Aires: CLACSO. Pp. 401-411.

Pousadela, Inés. “El contractualismo hobbesiano”, en Borón, Atilio (Comp.)(2003). La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx. Buenos Aires: CLACSO. Pp. 365-379.

Santos, Boaventura (2003). Crítica de la razón indolente. Bilbao: Desclée de Brower. Pp. 49-132.

Singer, André. “Maquiavelo y el liberalismo: la necesidad de la república”, en Borón, Atilio (Comp.)(2003). La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx. Buenos Aires: CLACSO. Pp. 353-363.

Várnagy, Tomás. “El pensamiento político de John Locke y el surgimiento del liberalismo”, en Borón, Atilio (Comp.)(2003). La filosofía política moderna. De Hobbes a Marx. Buenos Aires: CLACSO. Pp. 41-76.

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